domingo, 18 de septiembre de 2011

El Derecho como oficio; ¿dónde quedó la justicia entre las partes?

A pesar de todas las críticas proferidas a una abnegación dogmática hacia la técnica como finalidad última de la acción, creo que la institucionalización de esta tecnificación ha esquivado las críticas y se ha interpuesto violentamente en nuestra ideología. Cada vez más se percibe cómo este proceso es más abarcador y se propaga endémicamente como si de un Rey Midas globalizado se tratara. Aquella denuncia de Heidegger, dentro de su ontología, sobre la técnica como finalidad y su relación con la inautenticidad del ser-en-el-mundo, así como las severas advertencias y descripciones realizadas por Adorno, Horkheimer, Benjamin y demás miembros de la Escuela de Teoría Crítica de Frankfurt, sobre lo que en un momento dado se llamó la muerte de la persona tan bien ejemplificada en la obra de Beckett, al parecer se obvió raudamente por las instituciones sociales, especialmente las instituciones estatales. Uno de los casos más visibles y palpables es la situación institucional de la instrucción, especialmente, y es a lo que va este atisbo de crítica en esta primera entrada, de la instrucción del Derecho como disciplina. Ello, sin duda, está imbricado no sólo con una proyección de profesional de dicho ámbito que tienden a privilegiar las universidades, sino con la profesión misma de la abogacía y el papel que funge hoy en nuestro sistema.

No creo que deba haber duda sobre la inserción de la profesión de la abogacía en el mercado laboral de nuestra supuesta sociedad abierta y libre. Claro está, la concepción de abogado o abogada se diluye y desarrolla según las realidades materiales imperantes en los diversos estadios históricos en el que el ser humano ha seguido siendo protagonista en el mundo. En nuestra concepción de capitalismo tardío o postindustrial o, mejor dicho y atinado con las crisis fiscales y financieras de nuestra época, capitalismo financiero, la oferta laboral en el ámbito del Derecho suele concebirse de la misma forma que cualquier desempeño técnico dentro de una sociedad que privilegia la acción técnica sobre la teórica. La producción desmesurada de bienes de consumo o servicios suele devenir en la correspondiente acumulación y concentración de capital en las arcas de un grupúsculo mínimo en la sociedad que, de forma muy lamentable, suele socavar las estructuras democráticas mismas de nuestros sistemas de gobierno. La profesión legal no está abstraída de esta realidad, sino que suele perpetuarla y mantenerla intacta según falaces argumentos de libre comercio y concepciones libertarias conservadoras. De que existen excepciones, claro, sin duda, pero dichas excepciones son precisamente las que deberían ser la no-excepción en nuestra sociedad atestada de inequidades. 

¿Por qué no deberíamos considerar la profesión de la abogacía como una mera herramienta de acumulación de ingresos?¿Qué hace a esta profesión ser diferente a tantas otras en nuestra sociedad? ¿Por qué seguir equiparándola a trabajos técnicos necesarios para que, en gran parte, las inequidades e injusticias sociales se perpetúen?¿Por qué todavía nos creemos el cuento de que el abogado o abogada exitosa es aquella que defiende a quienes más capital tienen para invertir en una defensa y no el que hace de tripas corazones para intentar defender casi lo indefendible, pero muy justo, en nuestro sistema? Sin duda alguna, la profesión de la abogacía, hoy por hoy reconocida y promulgada como una oportunidad de generar ingresos y ostentar estilos de vida "propios" del gremio según nuestra sociedad de consumo, ha hecho mercancía no sólo el trabajo del abogado o abogada, sino la justicia misma. Sobre una de las interrogantes antes mencionada, que espero se sigan reflexionando imperativamente en más espacios, es preciso mencionar que esta profesión tiene un distintivo único que la diferencia y contrasta de las demás profesiones u oficios, aunque en gran medida se considere hoy como un mero oficio. 

Los orígenes de la abogacía se remontan a tiempos prácticamente inmemorables y culturas sumamente antiguas, pero el propósito que ha mantenido dicho ámbito profesional ha sido el defender a quien necesita defensa con una idea de justicia como principio rector. Nuestro Estado de derecho constitucional y democrático, amparado en los modelos de estado moderno y benefactor, han instaurado una estructura constitucional de regulación normativa que debe respetarse a pesar de las voluntades mayoritarias y los vaivenes político-partidistas. Nuestras constituciones existen precisamente para, dentro de una democracia, salvaguardar los derechos reconocidos por los y las constituyentes como imperativos éticos plasmados normativamente en el documento fundacional de una sociedad democrática y constitucional. Lamentablemente, dichos derechos, especialmente los de los más desprovistos de poder adquisitivo son violentados día a día de forma aplastante e indigna y, de manera lastimera, no encuentran representaciones legales suficientes como para darles la representación requerida y ordenada por nuestro sistema de gobierno. Ello, en gran parte, surge de la idea de abogacía como oficio que se propicia desde las instituciones de instrucción tanto pública como privada. 

Los currículos de las facultades de Derecho cada vez más se tornan catálogos de ofertas técnicas como si nuestro ordenamiento jurídico se tratara de una nevera o máquina. La abstracción de las realidades sociales suele ser una norma abrumadora en dicho tipo de institución, y más que una herramienta de cambio social o defensa de lo justo, el Derecho suele ser percibido como un escaparate de silogismos lógicos que nos hacen sentido. Más aún, no sólo los exámenes discriminatorios para ingresar a las facultades de Derecho son la ventana a una sociedad elementalmente discriminatoria, sino las ofertas de trabajo no sólo de veranos, sino luego de culminada la carrera, suelen ser las de mercaderes de la justicia, las de la compra y venta de oportunidades de adquirir un remedio justo en un mercado donde el que no tiene poder adquisitivo suficiente es realmente avasallado. Las expectativas de muchos compañeros y compañeras estudiantes de Derecho son, y no debe caber duda de ello, visualizadas según las conclusiones de acertijos de costo beneficio dentro de nuestro mercado. Asimismo, como ya mencioné anteriormente, la profesión de la abogacía es distinguible absolutamente de las demás profesiones u oficios por su naturaleza misma. No obstante, ¿qué pasa cuando los y las abogadas tienen como objetivo último el generar ingresos y acumular cantidades de capital para cumplir con un estándar de estilo de vida social requerido por nuestra sociedad consumista al máximo?¿Dónde quedan las representaciones competentes y el acceso a la justicia de aquellos y aquellas que no tiene tanto como para pagar un auto lujoso o el colegio privado al que acuden los hijos y las hijas de los y las abogadas? 

Podríamos estar discutiendo el tema ad nauseam, pero creo que podemos llegar a la conclusión de que, tanto a nivel formativo e instructivo, como a nivel laboral, el ámbito o subsistema de Derecho ha sido tecnificado de tal forma que, en realidad, hoy es un oficio como otro cualquiera. Mientras siga siendo de esa manera, y no hayan políticas públicas de parte del Estado, custodio máximo de la Constitución, que inciten a los y las abogadas a (1) ser lo más conscientes posibles de nuestra realidad social-económica-política-cultural; (2) a promover currículos universitarios donde se comprenda el Derecho en vez de valorar las capacidades de memoria del estudiante o aspirante al ejercicio de la profesión; (3) a que se haga obligatorio el servicio público por determinado término de tiempo ante la enorme carencia de servicios legales a los y las más pobres de nuestra sociedad; (4) a la permanencia de un espacio público como un Colegio de Abogados donde los y las miembros del gremio no sólo tengan contacto entre sí, sino que aporten mano a mano a adelantar causas, procesos y defensas propias de una sociedad que lucha contra la injusticia que provoca nuestro sistema de mercado; (5) a regular mediante tributación y evitar que las partes dentro de un pleito adversativo creen una polarización de capital tan absurda como la que vemos todos los días en, quizá por mencionar dos ejemplos, en casos laborales y penales, porque es muy probable que nunca haya justicia cuando hay una disparidad tan absoluta de capitales entre las partes; (6) a la toma de consciencia, en definitiva, de que, a pesar de nuestra ideología mercantil, somos abogados y abogadas con deberes éticos que no se cumple con varias horas de educación continua o llevando uno o dos casos pro bono al año (ni hablar de los grandes bufetes como corporaciones industriales de la justicia), sino con el apercibimiento de que, si en realidad hay tanta gente con preocupaciones, litigios y problemas legales, somos nosotros y nosotras las que debemos acudir a ejercer esa maravillosa y necesaria profesión que es la del advocatus. 

A discutirlo!

sábado, 2 de enero de 2010

Zizek sin piedad

Seguimos con Zizek y su crítica frontal (es que me lleva a la línea del cuestionamiento, es mordaz!). Para continuar con la línea de su crítica a los planteos identitarios, en este caso, una crítica impiadosa a los estudios y planteos poscoloniales y a los planteos sobre "el otro", "la alteridad", las narrativas, el psicoanálisis... en fin, que duro da!, que duro!. Aqui va:

"Tomemos uno de los temas predominantes del mundo universitario radical estadounidense de la actualidad: los estudios poscoloniales. El problema del poscolonialismo es sin duda crucial; sin embargo, los estudios poscoloniales tienden a traducirlo en la problemática multiculturalista del derecho de las minorías colonizadas "a narrar" su experiencia como víctimas, de los mecanismosde poder que reprimenla "alteridad", de modo que, a fin de cuentas, descubrimos que la raíz de la expltación poscolonial está en nuestra intolerancia hacia el "Extraño en nosotros", en nuestra incapacidad de enfrentarnos a lo que reprimimos en y de nosotros, mientras la lucha político-económica se transforma así imperceptiblemente en una drama seudopsicoanalítico del sujeto incapaz de enfrentarse a sus traumas interiores...

(¿Por qué seudopsicoanalítico? Porque la verdadera lección del psicoanálisis no es que los acontecimientos exteriores que nos fascinan y/o perturban son meras proyecciones de nuestros impulsos interiores reprimidos. La insoportable realidad de la vida es que, en efecto, ahí afuera hay acontecimientos perturbadores: HAY otros seres humanos que experimentan un intenso goce sexual mientras nosotros somos medio impotentes, HAY personas sometidas a torturas espantosas... Es más, la verdad fundamental del psicoanálisis no consiste en el descubrimiento de nuestro verdadero Yo, sino en el encuentro traumático con un Real insoportable).

El excesivo celo políticamente correcto de la gran mayoría de los profesores universitarios "radicales" actuales a la hora de tratar el sexismo, el racismo, las sweatshops del Tercer mundo, etc. es, pues, en última instancia, una defensa contra su propiay más íntima identificación, una especie de ritual compulsivo cuya lógica oculta es: "Hablemos todo lo posible de la necesidad de un cambio radical para asegurarnos de que nada cambie realmente!". Con respecto a este sujeto "radical chic", el primer gesto hacia los ideólogos y practicantes de la Tercera Vía debería ser de alabanza: por lo menos ellos juegan su juego de manera franca y son honestos en su aceptación de las coordenadas capitalistas globales, a diferencia de los izquierdistas universitarios seudo radicales, que adoptan hacia la Tercera Vía una actitud de completo desdén, mientras su propio radicalismo equivale, en última instancia, a un gesto vacío que no obliga a nadie en particular".

Ay caramba...

-Tomado de Slavaj Zizek, Recordando a Lenin* (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007); original en inglés, Repeating Lenin (2004).

*gracias a José A. que me trajo la pequeñita y hermosa edición de La Habana!.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Derechos Humanos y Mujeres de U. Chile


El Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Chile, en conjunto con el Instituto Interamericano de Derechos Humanos(IIDH), la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), el Centro de Estudios en Derechos (CEDE) y la Universidad de Costa Rica (UCR); tiene el agrado de anunciar la realización del diploma "Derechos Humanos y Mujeres: Centroamérica".

Información del Programa aquí.

Para más detalles, pueden comunicarse con:
Verónica Undurraga Directora Programa Mujeres y Derechos Humanos
Centro de Derechos Humanos
Facultad de Derecho
Universidad de Chile
Tel: (56-2) 978 52 71
Email: mujeres@derecho.uchile.cl

Columna "Elevados".

19-NOVIEMBRE-2009 | MIGUEL RODRÍGUEZ CASELLAS

BUSCAPIÉ

Elevados

A Schroeder.



Aun cuando desternillen de la risa sus argumentos fariseos de vida comunitaria, los vecinos de Miramar tienen un punto: el propuesto viaducto elevado es una aberración.


Confieso que dejé de simpatizar con los miramarinos desde que les dio con aferrarse al clavo caliente de la historicidad manufacturada del barrio para consolidar su estatus de urbanización cerrada. Dejaron ver entonces, mis distinguidos vecinos de Santurce, un temperamento segregacionista, insolidario y agorafóbico.


Para muestra el PTA de Perpetuo.


No hay por qué asumir la integridad de la historia cuando ha integrado a tan pocos. Por eso tiene más méritos defender al desintegrado Caño que protestar por elevados en la “zona histórica” de Miramar.


Aún así, hay que oponerse a los elevados porque son otra manifestación del boricua que huye por la vía fácil. Es casándome salgo de papi, preñándome salvo la relación, comprando combato la depresión.


Elevar es desahuciar la planta baja de la ciudad, la misma donde desembocan los conflictos y desigualdades que obligan al debate, la convergencia y la participación. Nada que pueda gustarle a un gobierno aferrado a sus tácticas de evasión, que prefiere imponer un segundo piso antes que remodelar. Abajo dejan lo irresuelto: tecatos, peatones, desempleados.


Fue culpa de los “cierres comunitarios”. Al dejar la ciudad sin atajos, la presión por llegar a la anticlimática casa de urbanización forzó una infraestructura elevada. Así se fue desnaturalizando el menguante espacio público.


Quienes no comulgan con este orden son expulsados del País. Como el amigo obligado a emigrar tan pronto se supo estigmatizado por la mayoría bruta. He ahí otro talento desterrado por la complacencia puertorriqueña.


Cuando el extranjerizado artista presenció la construcción del elevado que discurriría sobre su cadáver, empacó el espíritu y se fue a un país con cabeza, porque mientras Puerto Rico corre sin rumbo a 65 millas por hora, hay lugares donde aún se camina despacio, con los pies en la tierra y mejor acompañado.


El autor es decano de la Escuela de Arquitectura de la Politécnica.

sábado, 31 de octubre de 2009

Martín Espada...

... or an argument on behalf of letters of law o porqué nunca, jamás lo invitan a leer con abogados-poetas de aquí

Mariano Explains Yanqui Colonialism to Judge Collings


Judge: Does the prisoner understand his rights?
Interpreter: ¿Entiende usted sus derechos?
Prisoner: ¡Pa'l Carajo!
Interpreter: Yes.

de "Trumpets from the Islands of their Eviction"

Julio Signing His Name

Julio cheats
signing his name,
copying slowly
from his Social Security Card,
man's hand
scratching letters child-crooked.

But Julio's black hand
was schooled for lettuce-picking
not lawsuits.

de "Rebellion is the Circle of a Lover's Hands"


The Community College Revises
Its Curriculum in Response
to Changing Demographics


SPA 100 Conversational Spanish
2 credits


The course
is especially concerned
with giving police
the ability
to express themselves
tersely
in matters of interest
to them.

de "A Mayan Astronomer in Hell's Kitchen"

miércoles, 28 de octubre de 2009

Gente Común

28-OCTUBRE-2009 | GUILLERMO REBOLLO GIL

BUSCAPIÉ

Gente común

Edición especial doble de Men’s Health: “Fifteen things you’ve yet to find out about yourself in the bedroom: $5.26”. Urban jelly de agarre máximo para el cabello con Yankee en la etiqueta, bien rankeao: $3.33. Chicharrones del Rancho bajos en grasa. ¡Ahora con 30% menos sal!: $1.89.


Agente de orden público debidamente armado con lista de compras de Romero y cambio exacto: no tiene precio.


Hay ciertas vidas que merecen especial protección. Los residentes de Villas del Sol podrían ser un ejemplo, pero en Villas del Sol la gente tras que pretende vivir de gratis, apenas se baña. “Y pa’ colmo, dominicanos”, diría mi tía de aquí como el coquí, que votó por Romero, y sabe que al “Caballo” todavía lo odian en ciertos círculos izquierdosos. “Células”, diría mi tía diestra en el lingo, que sabe identificar retórica terrorista del saque: “Atrévete, te, te, te, salte del closet…Préndete, sácale chispas al starter, préndete en fuego como un lighter”.


Hay ciertas vidas que merecen especial protección. Los miles de empleados públicos cesanteados podrían ser otro ejemplo, pero tras que pretenden que la gente falte al trabajo para protestar, no acatan las normas pautadas por el Gobierno para manifestaciones inocuas, simpáticas. “Socialistas de discoteca”, sentenciaría mi tía republicana hasta el ñu, que votó por Fortuño, y sabe que el “gobe” estuvo a ley de na’ de coger un huevazo. “Proyectil orgánico”, diría mi tía paranóica al fin, que vio los ataques del 9-11 en el mismo televisor, y sabe que el terrorismo hace lo que puede con lo que tiene.


Hay ciertas vidas que merecen especial protección. Otras no. Pero Romero tiene hambre. Y Fortuño le ha cogido cosita a la gente común.


“Desarropaos”, diría mi tía con un gusto impecable, que votó por ambos, y colecciona sus botones y calcomanías de campaña, y sueña con vestir a Residente de traje para que le cante: “Atrévete, te, te, te, salte del closet…”


n El autor es escritor.


domingo, 18 de septiembre de 2011

El Derecho como oficio; ¿dónde quedó la justicia entre las partes?

A pesar de todas las críticas proferidas a una abnegación dogmática hacia la técnica como finalidad última de la acción, creo que la institucionalización de esta tecnificación ha esquivado las críticas y se ha interpuesto violentamente en nuestra ideología. Cada vez más se percibe cómo este proceso es más abarcador y se propaga endémicamente como si de un Rey Midas globalizado se tratara. Aquella denuncia de Heidegger, dentro de su ontología, sobre la técnica como finalidad y su relación con la inautenticidad del ser-en-el-mundo, así como las severas advertencias y descripciones realizadas por Adorno, Horkheimer, Benjamin y demás miembros de la Escuela de Teoría Crítica de Frankfurt, sobre lo que en un momento dado se llamó la muerte de la persona tan bien ejemplificada en la obra de Beckett, al parecer se obvió raudamente por las instituciones sociales, especialmente las instituciones estatales. Uno de los casos más visibles y palpables es la situación institucional de la instrucción, especialmente, y es a lo que va este atisbo de crítica en esta primera entrada, de la instrucción del Derecho como disciplina. Ello, sin duda, está imbricado no sólo con una proyección de profesional de dicho ámbito que tienden a privilegiar las universidades, sino con la profesión misma de la abogacía y el papel que funge hoy en nuestro sistema.

No creo que deba haber duda sobre la inserción de la profesión de la abogacía en el mercado laboral de nuestra supuesta sociedad abierta y libre. Claro está, la concepción de abogado o abogada se diluye y desarrolla según las realidades materiales imperantes en los diversos estadios históricos en el que el ser humano ha seguido siendo protagonista en el mundo. En nuestra concepción de capitalismo tardío o postindustrial o, mejor dicho y atinado con las crisis fiscales y financieras de nuestra época, capitalismo financiero, la oferta laboral en el ámbito del Derecho suele concebirse de la misma forma que cualquier desempeño técnico dentro de una sociedad que privilegia la acción técnica sobre la teórica. La producción desmesurada de bienes de consumo o servicios suele devenir en la correspondiente acumulación y concentración de capital en las arcas de un grupúsculo mínimo en la sociedad que, de forma muy lamentable, suele socavar las estructuras democráticas mismas de nuestros sistemas de gobierno. La profesión legal no está abstraída de esta realidad, sino que suele perpetuarla y mantenerla intacta según falaces argumentos de libre comercio y concepciones libertarias conservadoras. De que existen excepciones, claro, sin duda, pero dichas excepciones son precisamente las que deberían ser la no-excepción en nuestra sociedad atestada de inequidades. 

¿Por qué no deberíamos considerar la profesión de la abogacía como una mera herramienta de acumulación de ingresos?¿Qué hace a esta profesión ser diferente a tantas otras en nuestra sociedad? ¿Por qué seguir equiparándola a trabajos técnicos necesarios para que, en gran parte, las inequidades e injusticias sociales se perpetúen?¿Por qué todavía nos creemos el cuento de que el abogado o abogada exitosa es aquella que defiende a quienes más capital tienen para invertir en una defensa y no el que hace de tripas corazones para intentar defender casi lo indefendible, pero muy justo, en nuestro sistema? Sin duda alguna, la profesión de la abogacía, hoy por hoy reconocida y promulgada como una oportunidad de generar ingresos y ostentar estilos de vida "propios" del gremio según nuestra sociedad de consumo, ha hecho mercancía no sólo el trabajo del abogado o abogada, sino la justicia misma. Sobre una de las interrogantes antes mencionada, que espero se sigan reflexionando imperativamente en más espacios, es preciso mencionar que esta profesión tiene un distintivo único que la diferencia y contrasta de las demás profesiones u oficios, aunque en gran medida se considere hoy como un mero oficio. 

Los orígenes de la abogacía se remontan a tiempos prácticamente inmemorables y culturas sumamente antiguas, pero el propósito que ha mantenido dicho ámbito profesional ha sido el defender a quien necesita defensa con una idea de justicia como principio rector. Nuestro Estado de derecho constitucional y democrático, amparado en los modelos de estado moderno y benefactor, han instaurado una estructura constitucional de regulación normativa que debe respetarse a pesar de las voluntades mayoritarias y los vaivenes político-partidistas. Nuestras constituciones existen precisamente para, dentro de una democracia, salvaguardar los derechos reconocidos por los y las constituyentes como imperativos éticos plasmados normativamente en el documento fundacional de una sociedad democrática y constitucional. Lamentablemente, dichos derechos, especialmente los de los más desprovistos de poder adquisitivo son violentados día a día de forma aplastante e indigna y, de manera lastimera, no encuentran representaciones legales suficientes como para darles la representación requerida y ordenada por nuestro sistema de gobierno. Ello, en gran parte, surge de la idea de abogacía como oficio que se propicia desde las instituciones de instrucción tanto pública como privada. 

Los currículos de las facultades de Derecho cada vez más se tornan catálogos de ofertas técnicas como si nuestro ordenamiento jurídico se tratara de una nevera o máquina. La abstracción de las realidades sociales suele ser una norma abrumadora en dicho tipo de institución, y más que una herramienta de cambio social o defensa de lo justo, el Derecho suele ser percibido como un escaparate de silogismos lógicos que nos hacen sentido. Más aún, no sólo los exámenes discriminatorios para ingresar a las facultades de Derecho son la ventana a una sociedad elementalmente discriminatoria, sino las ofertas de trabajo no sólo de veranos, sino luego de culminada la carrera, suelen ser las de mercaderes de la justicia, las de la compra y venta de oportunidades de adquirir un remedio justo en un mercado donde el que no tiene poder adquisitivo suficiente es realmente avasallado. Las expectativas de muchos compañeros y compañeras estudiantes de Derecho son, y no debe caber duda de ello, visualizadas según las conclusiones de acertijos de costo beneficio dentro de nuestro mercado. Asimismo, como ya mencioné anteriormente, la profesión de la abogacía es distinguible absolutamente de las demás profesiones u oficios por su naturaleza misma. No obstante, ¿qué pasa cuando los y las abogadas tienen como objetivo último el generar ingresos y acumular cantidades de capital para cumplir con un estándar de estilo de vida social requerido por nuestra sociedad consumista al máximo?¿Dónde quedan las representaciones competentes y el acceso a la justicia de aquellos y aquellas que no tiene tanto como para pagar un auto lujoso o el colegio privado al que acuden los hijos y las hijas de los y las abogadas? 

Podríamos estar discutiendo el tema ad nauseam, pero creo que podemos llegar a la conclusión de que, tanto a nivel formativo e instructivo, como a nivel laboral, el ámbito o subsistema de Derecho ha sido tecnificado de tal forma que, en realidad, hoy es un oficio como otro cualquiera. Mientras siga siendo de esa manera, y no hayan políticas públicas de parte del Estado, custodio máximo de la Constitución, que inciten a los y las abogadas a (1) ser lo más conscientes posibles de nuestra realidad social-económica-política-cultural; (2) a promover currículos universitarios donde se comprenda el Derecho en vez de valorar las capacidades de memoria del estudiante o aspirante al ejercicio de la profesión; (3) a que se haga obligatorio el servicio público por determinado término de tiempo ante la enorme carencia de servicios legales a los y las más pobres de nuestra sociedad; (4) a la permanencia de un espacio público como un Colegio de Abogados donde los y las miembros del gremio no sólo tengan contacto entre sí, sino que aporten mano a mano a adelantar causas, procesos y defensas propias de una sociedad que lucha contra la injusticia que provoca nuestro sistema de mercado; (5) a regular mediante tributación y evitar que las partes dentro de un pleito adversativo creen una polarización de capital tan absurda como la que vemos todos los días en, quizá por mencionar dos ejemplos, en casos laborales y penales, porque es muy probable que nunca haya justicia cuando hay una disparidad tan absoluta de capitales entre las partes; (6) a la toma de consciencia, en definitiva, de que, a pesar de nuestra ideología mercantil, somos abogados y abogadas con deberes éticos que no se cumple con varias horas de educación continua o llevando uno o dos casos pro bono al año (ni hablar de los grandes bufetes como corporaciones industriales de la justicia), sino con el apercibimiento de que, si en realidad hay tanta gente con preocupaciones, litigios y problemas legales, somos nosotros y nosotras las que debemos acudir a ejercer esa maravillosa y necesaria profesión que es la del advocatus. 

A discutirlo!

sábado, 2 de enero de 2010

Zizek sin piedad

Seguimos con Zizek y su crítica frontal (es que me lleva a la línea del cuestionamiento, es mordaz!). Para continuar con la línea de su crítica a los planteos identitarios, en este caso, una crítica impiadosa a los estudios y planteos poscoloniales y a los planteos sobre "el otro", "la alteridad", las narrativas, el psicoanálisis... en fin, que duro da!, que duro!. Aqui va:

"Tomemos uno de los temas predominantes del mundo universitario radical estadounidense de la actualidad: los estudios poscoloniales. El problema del poscolonialismo es sin duda crucial; sin embargo, los estudios poscoloniales tienden a traducirlo en la problemática multiculturalista del derecho de las minorías colonizadas "a narrar" su experiencia como víctimas, de los mecanismosde poder que reprimenla "alteridad", de modo que, a fin de cuentas, descubrimos que la raíz de la expltación poscolonial está en nuestra intolerancia hacia el "Extraño en nosotros", en nuestra incapacidad de enfrentarnos a lo que reprimimos en y de nosotros, mientras la lucha político-económica se transforma así imperceptiblemente en una drama seudopsicoanalítico del sujeto incapaz de enfrentarse a sus traumas interiores...

(¿Por qué seudopsicoanalítico? Porque la verdadera lección del psicoanálisis no es que los acontecimientos exteriores que nos fascinan y/o perturban son meras proyecciones de nuestros impulsos interiores reprimidos. La insoportable realidad de la vida es que, en efecto, ahí afuera hay acontecimientos perturbadores: HAY otros seres humanos que experimentan un intenso goce sexual mientras nosotros somos medio impotentes, HAY personas sometidas a torturas espantosas... Es más, la verdad fundamental del psicoanálisis no consiste en el descubrimiento de nuestro verdadero Yo, sino en el encuentro traumático con un Real insoportable).

El excesivo celo políticamente correcto de la gran mayoría de los profesores universitarios "radicales" actuales a la hora de tratar el sexismo, el racismo, las sweatshops del Tercer mundo, etc. es, pues, en última instancia, una defensa contra su propiay más íntima identificación, una especie de ritual compulsivo cuya lógica oculta es: "Hablemos todo lo posible de la necesidad de un cambio radical para asegurarnos de que nada cambie realmente!". Con respecto a este sujeto "radical chic", el primer gesto hacia los ideólogos y practicantes de la Tercera Vía debería ser de alabanza: por lo menos ellos juegan su juego de manera franca y son honestos en su aceptación de las coordenadas capitalistas globales, a diferencia de los izquierdistas universitarios seudo radicales, que adoptan hacia la Tercera Vía una actitud de completo desdén, mientras su propio radicalismo equivale, en última instancia, a un gesto vacío que no obliga a nadie en particular".

Ay caramba...

-Tomado de Slavaj Zizek, Recordando a Lenin* (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007); original en inglés, Repeating Lenin (2004).

*gracias a José A. que me trajo la pequeñita y hermosa edición de La Habana!.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Derechos Humanos y Mujeres de U. Chile


El Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Chile, en conjunto con el Instituto Interamericano de Derechos Humanos(IIDH), la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), el Centro de Estudios en Derechos (CEDE) y la Universidad de Costa Rica (UCR); tiene el agrado de anunciar la realización del diploma "Derechos Humanos y Mujeres: Centroamérica".

Información del Programa aquí.

Para más detalles, pueden comunicarse con:
Verónica Undurraga Directora Programa Mujeres y Derechos Humanos
Centro de Derechos Humanos
Facultad de Derecho
Universidad de Chile
Tel: (56-2) 978 52 71
Email: mujeres@derecho.uchile.cl

Columna "Elevados".

19-NOVIEMBRE-2009 | MIGUEL RODRÍGUEZ CASELLAS

BUSCAPIÉ

Elevados

A Schroeder.



Aun cuando desternillen de la risa sus argumentos fariseos de vida comunitaria, los vecinos de Miramar tienen un punto: el propuesto viaducto elevado es una aberración.


Confieso que dejé de simpatizar con los miramarinos desde que les dio con aferrarse al clavo caliente de la historicidad manufacturada del barrio para consolidar su estatus de urbanización cerrada. Dejaron ver entonces, mis distinguidos vecinos de Santurce, un temperamento segregacionista, insolidario y agorafóbico.


Para muestra el PTA de Perpetuo.


No hay por qué asumir la integridad de la historia cuando ha integrado a tan pocos. Por eso tiene más méritos defender al desintegrado Caño que protestar por elevados en la “zona histórica” de Miramar.


Aún así, hay que oponerse a los elevados porque son otra manifestación del boricua que huye por la vía fácil. Es casándome salgo de papi, preñándome salvo la relación, comprando combato la depresión.


Elevar es desahuciar la planta baja de la ciudad, la misma donde desembocan los conflictos y desigualdades que obligan al debate, la convergencia y la participación. Nada que pueda gustarle a un gobierno aferrado a sus tácticas de evasión, que prefiere imponer un segundo piso antes que remodelar. Abajo dejan lo irresuelto: tecatos, peatones, desempleados.


Fue culpa de los “cierres comunitarios”. Al dejar la ciudad sin atajos, la presión por llegar a la anticlimática casa de urbanización forzó una infraestructura elevada. Así se fue desnaturalizando el menguante espacio público.


Quienes no comulgan con este orden son expulsados del País. Como el amigo obligado a emigrar tan pronto se supo estigmatizado por la mayoría bruta. He ahí otro talento desterrado por la complacencia puertorriqueña.


Cuando el extranjerizado artista presenció la construcción del elevado que discurriría sobre su cadáver, empacó el espíritu y se fue a un país con cabeza, porque mientras Puerto Rico corre sin rumbo a 65 millas por hora, hay lugares donde aún se camina despacio, con los pies en la tierra y mejor acompañado.


El autor es decano de la Escuela de Arquitectura de la Politécnica.

sábado, 31 de octubre de 2009

Martín Espada...

... or an argument on behalf of letters of law o porqué nunca, jamás lo invitan a leer con abogados-poetas de aquí

Mariano Explains Yanqui Colonialism to Judge Collings


Judge: Does the prisoner understand his rights?
Interpreter: ¿Entiende usted sus derechos?
Prisoner: ¡Pa'l Carajo!
Interpreter: Yes.

de "Trumpets from the Islands of their Eviction"

Julio Signing His Name

Julio cheats
signing his name,
copying slowly
from his Social Security Card,
man's hand
scratching letters child-crooked.

But Julio's black hand
was schooled for lettuce-picking
not lawsuits.

de "Rebellion is the Circle of a Lover's Hands"


The Community College Revises
Its Curriculum in Response
to Changing Demographics


SPA 100 Conversational Spanish
2 credits


The course
is especially concerned
with giving police
the ability
to express themselves
tersely
in matters of interest
to them.

de "A Mayan Astronomer in Hell's Kitchen"

miércoles, 28 de octubre de 2009

Gente Común

28-OCTUBRE-2009 | GUILLERMO REBOLLO GIL

BUSCAPIÉ

Gente común

Edición especial doble de Men’s Health: “Fifteen things you’ve yet to find out about yourself in the bedroom: $5.26”. Urban jelly de agarre máximo para el cabello con Yankee en la etiqueta, bien rankeao: $3.33. Chicharrones del Rancho bajos en grasa. ¡Ahora con 30% menos sal!: $1.89.


Agente de orden público debidamente armado con lista de compras de Romero y cambio exacto: no tiene precio.


Hay ciertas vidas que merecen especial protección. Los residentes de Villas del Sol podrían ser un ejemplo, pero en Villas del Sol la gente tras que pretende vivir de gratis, apenas se baña. “Y pa’ colmo, dominicanos”, diría mi tía de aquí como el coquí, que votó por Romero, y sabe que al “Caballo” todavía lo odian en ciertos círculos izquierdosos. “Células”, diría mi tía diestra en el lingo, que sabe identificar retórica terrorista del saque: “Atrévete, te, te, te, salte del closet…Préndete, sácale chispas al starter, préndete en fuego como un lighter”.


Hay ciertas vidas que merecen especial protección. Los miles de empleados públicos cesanteados podrían ser otro ejemplo, pero tras que pretenden que la gente falte al trabajo para protestar, no acatan las normas pautadas por el Gobierno para manifestaciones inocuas, simpáticas. “Socialistas de discoteca”, sentenciaría mi tía republicana hasta el ñu, que votó por Fortuño, y sabe que el “gobe” estuvo a ley de na’ de coger un huevazo. “Proyectil orgánico”, diría mi tía paranóica al fin, que vio los ataques del 9-11 en el mismo televisor, y sabe que el terrorismo hace lo que puede con lo que tiene.


Hay ciertas vidas que merecen especial protección. Otras no. Pero Romero tiene hambre. Y Fortuño le ha cogido cosita a la gente común.


“Desarropaos”, diría mi tía con un gusto impecable, que votó por ambos, y colecciona sus botones y calcomanías de campaña, y sueña con vestir a Residente de traje para que le cante: “Atrévete, te, te, te, salte del closet…”


n El autor es escritor.


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